domingo, 8 de diciembre de 2013

UN NUEVO INQUILINO

El 12 de febrero de 2010... me desmayé y me vomité, me levanté y me volví a desmayar, si no es que a morir, de la impresión de enterarme que estaba embarazada. Venía regresando de un huracán en Islas Holbox y de un ligero fin de año en la Riviera, en el que obviamente no estaba contemplado un bebé, una casa, recibos de agua, gas, luz, teléfono, cable, compartir mi cama de forma permanente, el olor a limpiador de bebé, pañales, pintarrajos en mi pared, películas infantiles y el buzz light year incrustado en mi espalda a las 4 de la mañana.


Y por si hubiera alguna duda, definitivamente si hay algo que a mi me gustar hacer en la vida es coger el camino más rocoso para llegar a algún lado y heme ahí...

En cuanto empezó a crecer mi vientre se acabaron las parrandas, las aventuras extremas, las chelas, los conciertos, los romances y con ello honestamente sentí que una parte de mi también se esfumó... la parte alivianada y divertida que tanto me gustaba de mi.

En la continua búsqueda de identidad después de un parto frustrado y una maternidad fracturada  y accidentada por las ineherentes condiciones de sobrevivencia en la ciudad y el trabajo, encontré pequeños rincones que como cantaría mi hijo de 3 años:

" Busco un lugarcito pequeñito para mi... sin molestar a nadie, voy a quedarme ahí ".

Y de ellos encontré huellas, hace unos días limpiando mi máquina encontré una singular reseña del último viaje que hicimos, cuando mi bebé todavía era un bebé y yo estaba aferrada a seguir siendo una mochilera pero ahora en el concepto "all include".

En un muy desesperado intento de remover cualquier cadena y atadura que me implicara este asunto de" la bella maternidad".. me aferré durante 9 larguísimos días a la idea de que podía seguir en mi ajetreado ritmo de vida, casi llevando al límite la resistencia de un bebé de 2 años.. en el Cañón del Sumidero y tantas ruinas se han descubierto en la Selva Lacandona, obviamente fue un espectáculo para toda la compañía que tuvimos en el tour, para mi e incluso para mi hijo. Ha quedado claro que puedo seguir viviendo al menos el 50% de los encantadores recorridos que a mi me gustaba hacer, pero también que mi espalda, mis rodillas y mi bolsillo no son los mismos que cuando era soltera.

Asi que en el desesperado intento de ser mamá y n o morir en el intento, en el sentido de que cambiamos por completo quienes somos para poder ser lo que somos ahora, mamás, intento hacer de este blog una invitación a todas las madres que enterraron esa parte aventurera y loca... a que la saquen! :D

A hacer una comunidad de sobrevivencia al rudo trabajo de crianza con un poco de diversión y reconocimiento de individualidad. Amo a mi hijo, pero lo mío lo mío.. es la pata de perro!!

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